O recuncho do lector

Hola lectores.

El día de hoy está teñido por el azul, el color de la libertad, la calma y el cielo abierto.

¡Allons-y!

Las dos niñas jugaban junto al mar, una morena y otra rubia, ambas con los mismos ojos almendrados, pero como el día y la noche; la rubia los tenía de un cristalino color azul cielo de verano y la morena de un aterciopelado violeta oscuro.

Sus pies descalzos volaban por la arena levantando nubes a su paso. Sobre sus cabezas el cielo se desangraba en una puesta de sol de vivos colores rojos, naranjas y rosados; el astro luminoso se hundía lentamente en las aguas azul profundo oscureciendo el día, despidiéndose de las carcajadas de las dos niñas.

Solo una rodaja de sol acompañaba a las dos jóvenes que habían dejado de perseguirse y se encontraban tumbadas sobre la arena cálida recuperando el aire. Las dos se miraron y sonrieron, dos sonrisas iguales, pero cada una de una forma diferente.

—¿Qué crees que habrá más allá del mar? —la morena miró a la rubia al formular la pregunta—. Me gustaría descubrirlo.

—Lo descubriremos juntas —la rubia se incorporó y miró a su hermana—. Viajaremos por todo el mundo y veremos todo lo que esconde.

—No nos casaremos nunca y viviremos la vida intensamente.

—Siempre nos podemos casar la una con la otra. No nos haremos la zancadilla porque a ambas nos gustan las mismas cosas y queremos lo mismo.

Las dos niñas rieron alegres, se casarían y viajaría juntas.

Sus carcajadas fueron cortadas de golpe por un grito masculino. Ambas se miraron y poniéndose en pie corrieron hacia lo alto de la playa, pero lo que vieron ahí las paralizó.

Su aldea estaba ardiendo, la gente corría de un lado a otro gritando y muriendo. Grandes hombres gigantes a ojos de las niñas segaban vidas a diestra y siniestra.

Ambas muchachas se volvieron y corrieron hacia la playa de nuevo, sabían perfectamente que no estaban jugando, sus padres les habían contado lo que sucedería tarde o temprano. El gobernador de su distrito quería librarse de su poblado, se hayaba en una zona comercial importante y allí los aldeanos molestaban.

La rubia y la morena escucharon pasos tras ellas y corrieron más rápido. Sus pies descalzos dejaron de pisar arena suave y pasaron a correr sobre frías y duras piedras. Giraron hacia una hondonada en la que el mar entraba en la tierra, solo tenía que saltar y nadar hacia el refugio seguro de las rocas que años antes les habían enseñado para emergencias.

Un ruido tras ellas las sobresaltó haciendo que aceleraran sus pasos, ninguna se dio cuenta de que eso fue un error.

Una mano se estiró hacia ellas agarrando a la rubia por la espalda de su vestido mientras la morena perdía pie y se precipitaba al vacío.

Una daga brilló sobre las rocas junto a una cabellera rubia mientras la espuma marina cubría la melena azabache.

¡Un saludo y hasta la próxima palabra!


Escrito por Attenhea

Hola ectores.

Buenas tardes. ¿Qué tal vuestro miércoles? Hoy es “cascada” la palabra entorno a la que gira este relato. Espero que os guste.

¡Allons-y!

sentada frente al tocador blanco mira su reflejo; para esa noche se ha decantado por un largo vestido hasta el suelo de seda rojo carmesí. Decoran sus orejas hermosos pendientes de rubís y sobre su garganta reposa un collar de oro y piedras rojas que arrancan destellos a las luces de su alrededor.

Sonríe mientras se mira, ha terminado de maquillarse; ha aumentado el tamaño de sus ojos gracias a una sombra oscura y ahora sus labios son más carnosos al haber empleado un carmín encarnado y brillante.

Tomando un cepillo del mueble comienza a retocar la cascada de rizos negros que cae sobre sus hombros hasta que su melena parece una cortina de terciopelo oscuro y reluciente. Hace una mueca mientras se observa, está lista, nadie podrá apartar la vista de ella.

Sonríe ampliamente y sus ojos verdes relumbran divertidos cuando ve a un hombre tras ella. los ojos del desconocido la observan con frialdad y sus manos sostienen una reluciente pistola plateada que apunta justo a su nuca.

La mujer se levanta muy despacio y da la espalda al tocador mirando al hombre y más importante, al arma que este sostiene en las manos. Sin duda parece dispuesto a disparar, pero ella no tiene miedo y lo mira entre sus oscuras pestañas con un brillo pícaro reluciendo en sus iris verdes.

Ella cruza los brazos y da dos pasos al frente, él no baja el arma, la mujer no esperaba que lo hiciera, es más, se hubiera decepcionado si lo hubiera hecho.

Él no dice nada y ella sigue avanzando; los dedos del hombre quitan el seguro del arma, pero la mujer no se detiene. Ladea la cabeza y le sonríe cuando se coloca ante el arma. Los ojos fríos del hombre no dicen nada, los verdes de ella siguen burlones.

—¿De verdad vas a usar eso?

—Estoy dispuesto a usarla, sí.

—¿Y a qué esperas, guapo?

El hombre abre la boca para hablar, pero ella no le da tiempo y aprovechando la abertura de su vestido que baja desde el muslo hasta el suelo, levanta la pierna y golpea al tipo en el costado. Él aprieta las manos entorno al arma al caer y no la suelta, pero es tarde, la morena lo está encañonando con su propia pistola y le sonríe pícara.

—Cariño, tardaste mucho. Lo siento.

Con el arma silenciada dispara al hombre y vuelve a guardar la pistola negra bajo la falda del vestido, no le importa que encuentren al hombre tirado en el suelo de esa habitación, no es la suya. Tomando el diminuto bolso se quita los guantes y los guarda en su interior saliendo del dormitorio y cerrando tras de sí con el pie. Tiene un robo que efectuar y este no se va a hacer solo.

¡Un saludo y hasta la próxima palabra!


Escrito por Attenhea

Hola lectores.

Este relato es especial para mí. Habla de dos personajes a los que quiero con todo mi corazón y a los que les deseo lo mejor de todos los mundos.

La palabra entorno a la que gira la historia de hoy es “tatuaje”.

¡Allons-y!

Nadie confía en ella, es nueva en su mundo, es una extraña y además trabaja para ellos. Dice que quiere ayudarles, pero saben que una cura no es señal de cuidado, sino un trámite para seguir sufriendo un día más.

cuando la ven tan brillante y luminosa saben que tienen que desconfiar de ella, nada bonito es bueno y lo han aprendido a la fuerza. Lo hermoso solo existe para hacer más crueles sus existencias.

Su espacio de trabajo, una zona blanca con suelos brillantes solo despierta en ellos miedo, aunque saben que ella no puede hacerles nada, solo tienen que apretar los dientes e intentar soportar el dolor como buenamente pueden, ya son expertos en eso.

Al entrar y verla con sus cabellos de luz de estrella, sus ojos lilas como flores que ellos jamás podrán oler y su larga bata negra, tienen miedo, pero también se sienten protegidos por esa sonrisa que les dedica en la que no ven lástima, ni si quiera amistad, solo a alguien práctico. Ninguno sabe todo lo que hace la enfermera por ellos a sus espaldas, no quieren saberlo.

Un día tan oscuro como los demás y tan triste como los anteriores, los ojos del líder encuentran el colgante que siempre lleva la enfermera, un hermoso reloj de arena de granos blancos y cristal radiante. Ella con una sonrisa amable, quizá intuyendo su reacción, alza la manga derecha de su negra bata y muestra la muñeca, en la cara interna saluda un tatuaje del mismo reloj.

Sin apartar los ojos de los del líder, ella le habla del tatuaje, de lo que significa para ella, el recuerdo de su madre, una amante de la paz, una mujer que se marchó demasiado pronto dejándola con su hermano mayor y sus tíos, la única familia que le queda. El reloj de arena representa el amor por el tiempo presente que su madre siempre intentó enseñarle.

él, con la voz rota le habla de lo que es para ellos; en su mundo representan la maldición que les persigue, la vida que les arrebataron y cada grano que desciende se burla de ellos enseñándoles que la vida no se hizo para ellos. Un reloj de arena para los malditos representa el tormento en el que se ha convertido su existencia.

Alzando su melena de plata la chica se saca la cadena y la coloca entorno al cuello del líder arreglando sus mechones dorados de nuevo sobre sus hombros. Los ojos azules de él la miran interrogantes y ella vuelve a mostrarle el tatuaje mientras le habla con voz suave.

—Tú eres el propietario de tu destino, tú controlas la arena de tu reloj, no dejes que vuelvan a volcarlo.

Lo extraño es que ahora el líder confía en ella, él, que nunca ha confiado en nadie desde ese fatídico día en que su hermana dijo adiós, él, que intenta ser fuerte por todos, él, que es cobarde y valiente a la vez. Él confía en ella gracias a un reloj de arena.

¡Un saludo y hasta la próxima palabra!


Escrito por Attenhea

Hola lectores.

¿Qué tal el inicio de semana? Espero que haya ido bien. En el día de hoy vamos a conocer a un personaje adorable. El relato de este lunes tiene como palabra protagonista “perro”.

¡Allons-y!

La alarma suena como siempre a las siete de la mañana y mi compañera de habitación la detiene entre quejas y bostezos.

Yo me levanto como siempre, lleno de energía. Un nuevo día me espera y cuanto antes me levante, antes podré disfrutar de él. Intento ser el primero en entrar a la cocina, pero esta ya está ocupada por media familia. Freno mi entusiasmo y me siento con un bostezo que no puedo reprimir mientras me colocan delante el desayuno.

Sonrío, no lo puedo evitar, me encanta la comida y ellos lo saben. Como con fruición, no sé cuándo llegará la próxima comida y tiendo a disfrutar cada bocado como si fuera el último.

Poco a poco todos se han despertado; hay quienes se duchan, otros solo se peinan y mi compañera de cuarto decide que pasarse un cepillo por la melena puede matarla, así que no lo hace y con una mano se despide por el momento.

Ella y yo salimos al fresco aire de la mañana, el sol apenas ha salido y las farolas aún están encendidas. Parece como si esta hora hubiera pasado muy deprisa, pero solo es sensación mía, creo que me he dormido en algún momento, pero no estoy del todo seguro.

Pasados quince minutos volvemos a entrar en casa y mi compañera, casi sin detenerse porque llega tarde, agarra su mochila y vuelve a la puerta. Corro tras ella, nunca me deja ir, pero no dejo de intentarlo ni un solo día.

Ella se ríe y se arrodilla frente a mí posando una mano sobre mi cabeza, sé lo que me va a decir, pero intento callarla con un beso, ella aparta la cabeza y suelta una carcajada.

—Eres un perro, no puedes venir conmigo a clase.

Y de nuevo esa frase que intento evitar, no entiendo todas las palabras, pero es un rechazo. No puedo ir con ella, siempre es lo mismo, nunca me dejan acompañarla. Camino hasta la cocina donde aún hay gente y me dejo caer tras las sillas esperando que me consuelen con una caricia.

La madre de mi compañera se arrodilla junto a mí y me rasca las orejas con una sonrisa, ella me habla, pero no quiero escucharla. Levanta un pañuelo azul y me lo envuelve entorno al cuello. Prefería irme con mi compañera a clase.

Me levanto y me sacudo mientras la mujer me pone la correa y salimos juntos de casa nuevamente. Ahora estoy feliz en la calle, me gusta estar en la calle y centrándome en lo que tengo que hacer, me aplico en mis clases ayudando a la mujer a evitar obstáculos.

Soy un perro bueno y voy a ser el mejor perro trabajador del mundo.

¡Un saludo y hasta la próxima palabra!


Escrito por Attenhea

Hola lectores.

Domingo, espero que vuestro día haya ido bien, el mío ha estado pasado por agua, pero ha sido tranquilo. Nuestro relato de hoy gira entorno a un músico, una flauta y una maldición.

¡Allons-y!

Cuentan las leyendas que cada cierto tiempo nace un niño maldito en una generación y que, si esto ocurre, pronto alguien llegará para llevarse a la criatura en cuestión empleando un arma que nunca nadie ha podido rechazar. La música.

Pero eso solo son cuentos de viejas, o eso piensa la gente.

Ellas conocen la historia. Son seis chicas de quince años, todas con una vida estupenda. Están saliendo de clase y hablan sobre quedar más tarde, pero una de ellas está ensimismada, tiene ganas de volver a su casa. Tiene un nuevo vecino, un chico que toca la flauta travesera y que parece hechizarla con su música.

—¿Hoy vas a salir?

La voz de una de sus compañeras de clase saca a la joven de su ensimismamiento. Vuelve los ojos hacia ella y arquea las cejas interrogante; su interlocutora repite la pregunta con un leve rastro de hastío en su voz.

—No —la chica apenas mira a su compañera—. Hoy ya he quedado.

No es mentira, piensa la joven, técnicamente no lo es.

Se despide de las chicas de su clase y colocando la mochila sobre sus hombros se monta en la bici y pedalea de regreso a su casa. Su padre estará trabajando y en el piso seguro que solo la aguarda su gata, pero lo que ella espera no es ni a su progenitor ni al felino.

Al entrar en su casa cierra sin hacer ruido y sin cambiarse, solo dejando la mochila en su dormitorio entra al salón. Arrastra un sillón hasta la ventana y tomando un libro por si acaso abre el cristal que da al patio de luces.

no pasa ni media hora cuando un puñado de notas musicales se acercan a su ventana y ella mira sobre las páginas del libro, allí está el flautista, no sabe quién es, ni si quiera si lleva mucho tiempo viviendo allí, pero cada tarde tiene una cita con él y su música.

La flauta travesera plateada arranca destellos entre las manos del músico y sus párpados están cerrados. A ella le gusta cuando toca así, sin pensar en nada; apenas puede ver su rostro desde su ventana, pero ve que su pelo es muy claro, parece ir a juego con el instrumento. Nunca ha visto sus ojos, o los tiene cerrados cuando vuelve el rostro hacia su ventana o está colocado de costado y la joven no puede mirarlo de frente.

Suspira y baja la vista hacia su libro cuando la melodía termina y sus manos pasan una hoja del volumen, apenas es consciente del libro que tiene entre las manos, sabe que llevará con el mismo semanas, pero no le importa demasiado.

Le parece extraño que no vuelva a tocar una canción diferente y levanta un poco la cabeza. La joven abre unos ojos como platos al ver que el músico la está mirando fijamente; ahora puede ver sus ojos, de un raro color ámbar, casi amarillo fijos en ella.

—Puedo enseñarte.

Su vecino alza el instrumento en una mano y un libro de música en la otra, le está sonriendo y ella le devuelve la sonrisa casi sin pensarlo.

—Aunque también podemos llegar a un acuerdo. Yo puedo tocar música todas las tardes para ti si tú lees para mí.

Cuando semanas más tarde vuelven a preguntarle si tiene algo que hacer para salir con ellas, la chica se limita a sacudir la cabeza, sonreír y señalar con la mirada a su nuevo amigo, quien la espera con el instrumento al costado y la bici cogida por el manillar.

Al alejarse la joven y decirles adiós con la mano, sus compañeras saben que algo extraño acaba de pasar y aunque no lo entienden, sus corazones les gritan que esa será la última vez que vean a la muchacha, porque la maldita ya encontró a su flautista.

¡Un saludo y hasta la próxima palabra!


Escrito por Attenhea

Hola lectores.

Sábado sabadete. Hoy el día va sobre estrellas, estrellas y hadas. Espero que os guste el relato de hoy.

¡Allons-y!

Nuestra sociedad siempre se ha jactado de ser trabajadora, todas mis hermanas lo son, hadas rectas y siempre pensando en el deber, todas sabemos que si una falla fallamos todas, no podemos permitirnos ningún solo error.

Solo hay un día en el que nos permitimos dejar el trabajo a un lado, el día en el que Él baja. ¿Quién es Él? El único entre nosotras que tiene el poder de controlar el astro que ilumina los cielos de los humanos. Ellos no lo saben, no creen en nosotras, pero se sorprenderían al saber que gracias a nuestras manitas y a Él tienen luz y calor cada día.

Una vez al mes Él baja hasta nuestro poblado, pero esta vez es diferente, dicen que busca a una de nosotras para que lo acompañe en su palacio hecho de luz de estrella y gotas de rocío. Intento no pensar en cuál de mis hermanas subirá y a cuál de ellas tendré que decir adiós, me llena el corazón de tristeza la posibilidad de una despedida, pero sé que será feliz en lo alto y podrá bajar una vez al mes con Él para saludarnos.

La mañana de la llegada de Él todas mis hermanas se han esmerado en su aspecto físico, yo me he limitado a peinarme mi largo pelo azul y me he puesto el vestido amarillo a juego con mis ojos almendrados, pero no me he retocado los párpados para que mi mirada sea más profunda ni he decorado mis alas con luz de luna para que luzcan más brillantes como sí han hecho ellas.

Intento permanecer quieta mientras todas juntas vemos un destello caer en el centro del poblado. Cuando el resplandor se apaga vemos al ser más hermoso que nunca hayamos visto. Lo he contemplado en infinidad de ocasiones, pero como nos pasa a todas, nos quedamos sin aliento.

Su piel dorada reluce con la luz del sol y su larga melena de plata brilla con el reflejo de la luna. Aunque no es eso lo que me hace respirar desacompasadamente, sino la carencia de alas de Él, me pregunto cómo podrá volar, su casa está demasiado alta y demasiado arriba.

Avanza hacia nosotras con la misma suavidad con la que caminan las estrellas sobre nosotras y nos mira una a una sin detenerse en ninguna. Nuestras líderes dan un paso al frente y empiezo a ignorarlas cuando nos presentan y agasajan a Él con infinidad de halagos que parecen aburrirle.

Soy apenas consciente de un revuelo que se alza a mi alrededor, pero he empezado a tener hambre y pienso en el banquete de después en lugar de prestar atención. Al menos lo intento, el codo huesudo de una de mis hermanas presiona mi costado y la fulmino con la mirada antes de darme cuenta de que todas me miran, todas y Él.

Se me seca la garganta y miro a mi alrededor avergonzada, desconozco si me han llamado más de una vez y espero que Él no se haya percatado de mi ausencia temporal, temo que lo considere una descortesía y me fulmine con un relámpago.

—Vuela hasta aquí.

Él habla con una voz suave pero potente a la vez; es cálida como el sol, pero fría como la luna. Parece joven y vieja a la vez y antes de darme cuenta estoy caminando hacia él. Mis hermanas se han quedado calladas y mi rostro arde mientras mis pies me acercan hasta el estrado donde está Él subido. Es muy alto y voy a tener que saltar para encaramarme a él.

—Vuela hasta aquí.

¿Nadie le ha dicho que no puedo volar? Soy un hada rota, mis alas no funcionan, pero él parece no darse cuenta mientras me mira. No dice nada más cuando llego a los pies del estrado y aún con las mejillas al rojo vivo salto y mis manos se agarran al filo del escenario. Con años de práctica puedo subir a él sin quedar demasiado en ridículo.

Me arreglo el vestido y miro a Él. Tiene los ojos fijos en mí y una sonrisa curva sus labios. Se vuelve hacia mis hermanas y se coloca a mi lado mirando al frente. yo no entiendo nada hasta que él habla.

—¡Saludad a mi reina!

La boca se me abre sin poder evitarlo cuando lo veo arrodillarse frente a mí y tomar mis manos en las suyas, lo miro sin entender y no soy consciente de que mis hermanas también se postran, algunas con reticencia, pero todas terminan arrodilladas frente a mí.

—A partir de hoy recibirás el nombre de Estrella, cuidarás conmigo del sol y solo tú conocerás mi nombre —se levanta y me mira a los ojos—. Viviré por y para ti, mi reina, llámame Scelsior.

¡Un saludo y hasta la próxima palabra!


Escrito por Attenhea

Hola lectores.

Hoy viernes día 2, vengo con el relato de la segunda palabra. El escrito que vais a leer tiene como eje central un ordenador.

¡Allons-y!

Cuando abre los ojos la penumbra de su habitación está rasgada por una luz blancoazulada que no sabe de dónde sale.

La joven se pone de pie y mira a su alrededor, supone que le ha despertado un ruido y supone también que esa luz proviene del amanecer. Sacude la muñeca y los números brillantes de su reloj se encienden, son las 3:35 de la madrugada, demasiado pronto para el amanecer.

La muchacha camina por el dormitorio hacia su escritorio. Allí su ordenador portátil la saluda, está encendido, pero tiene la pantalla bajada. Con la mano derecha alza el monitor y una pantalla blanca le devuelve la mirada.

La chica se sienta en la silla y pulsa dos teclas al azar, la pantalla blanca sigue ahí. Intenta apagar el ordenador, pero por mucho que mantiene el botón pulsado la pantalla blanca se sigue riendo de ella en su níveo resplandor.

—¡APÁGATE!

Frustrada la chica golpea con un dedo el filo de la pantalla, pero antes de que aleje la mano del monitor unos trazos negros comienzan a dibujarse en la parte izquierda y la joven se apresura a coger sus gafas.

—¿Estás preparada? —lee en tono quedo—. ¿Preparada para qué?

Nuevas letras aparecen y ella se estremece, está respondiendo a su pregunta y sabe que no, no está preparada para nada de lo que pueda salir de esa pantalla blanca.

Se pone en pie y se abraza a sí misma mientras da pasos atrás con la vista fija en el ordenador. Las letras han desaparecido y en su lugar una diminuta espiral de colores gira en el centro del blanco fondo.

La joven entorna los ojos cegada por el brillo y se arroja hacia la mesita de noche, no quiere estar ahí, va a llamar a sus padres, tienen que volver de la cena, tienen que sacarla de ahí. Sus dedos se deslizan por la pantalla, pero no encuentra el icono del teléfono.

Empieza a temblar cuando en su móvil se refleja la misma pantalla blanca y la espiral de colores. Un grito escapa de sus labios cuando el brillo hinunda su dormitorio y el teléfono cae al suelo.

Cuando la oscuridad regresa al cuarto no hay rastro de la joven, lo único que queda de ella son sus cosas y un teléfono en el suelo con la pantalla rota en la que puede leerse un único mensaje sobre un fondo blanco.

“Ayuda”.

¡Un saludo y hasta la próxima palabra!


Escrito por Attenhea

Hola lectores.

Desconozco si seré capaz de cumplir este curioso reto en el que tenemos 31 palabras por 31 días; cada día tengo que escribir un relato diferente con la palabra asignada a dicho día.

¿Creeis que podré hacerlo? ¡Vamos allá!

La luz del lugar es tenue, apenas puede ver a su alrededor, las lágrimas y la penumbra no se lo permiten. Se seca los ojos con la manga, pero no mejora, sus pestañas siguen mojadas por las gotas saladas que no dejan de brotar.

Sollozos sacuden todo su cuerpo y aunque intenta coger aire profundamente para detenerlos, no puede, se ve incapaz de parar. Se ha convertido en un amasijo de dolor, pena y llanto.

Camina despacio y mira hacia abajo, la pendiente es pronunciada, pero aunque tiene miedo se arma de valor y con dos pasos rápidos salta hacia delante y se deja caer.

Su grito queda atrapado en el aire, el viento sacude sus ropas y apenas puede abrir los ojos mientras cae. Disfruta de la sensación de caída libre durante unos segundos hasta que por fin sus párpados se abren y ve como el suelo se acerca inexorablemente.

Los latidos de su corazón resuenan por todo su cuerpo, los siente en la garganta, la sangre ruje en sus oídos y una chispa de cordura enciende su mente.

Con un esfuerzo abre las grandes alas blancas y el aire hace el resto. Se eleva hacia el cielo separándose del suelo mientras las plumas blancas mantienen el rumbo, hacia arriba y hacia delante.

Le dijeron que no podría volar, que era un ángel roto, que lo mejor que podría hacer por su pueblo era arrojarse por un risco y poner fin a su existencia.

Se ríe, se ríe y sus carcajadas son transportadas por el viento. Se ha dejado caer por un risco, ha intentado hacerles caso, pero roto o no, sigue siendo un ángel y está dispuesto a luchar por que su pueblo deje de ignorarlo y ningunearlo.

Batiendo las alas, sintiendo su cabello azotar su rostro, vuela directo hacia el horizonte, lleno de posibilidades, ilusiones y un fuego rebelde que nunca nadie podrá volver apagar. Las lágrimas se han secado en su rostro.

Había estado dispuesto a morir, pero ahora está dispuesto a vivir.

¡Un saludo y hasta la próxima palabra!


Escrito por Attenhea

Hola mortales.

Hace algún tiempo Arthemisa reseñó Alcatraz contra los bibliotecarios malvados, el primer libro de la saga del gran Brandon Sanderson. Hoy, después de muchísimo tiempo, yo os traigo la reseña del segundo libro; el segundo volumen superó mis expectativas, en mi opinión casi mejor que el anterior.

En libros de este tipo es imposible no reseñar sin hacer spoilers del anterior, si leeis hacedlo siendo responsables.

¿Leemos? ¡Allons-y!

“Debo disculparme por el inicio del último capítulo. Mi objetivo es escribir un libro completamente frívolo, porque si digo algo importante de verdad, corro el riesgo de que la gente me venere o respete aún más. Por lo tanto, os debo pedir un favor: coged unas tijeras y recortad los siguientes párrafos de este capítulo. Pegadlos al principio del capítulo anterior para taparlo y que así nunca tengáis que volver a leer mi pretenciosa explicación otra vez.

¿Listos? Adelante.

Érase una vez un conejo. Este conejo celebró una fiesta de cumpleaños. Fue la mejor fiesta de cumpleaños del mundo. Porque, ese día, el conejo recibió una bazuca.

Al conejo le encantaba su bazuca y la usaba para volar en pedazos todo tipo de cosas en la granja. Voló en pedazos el establo de Henrietta, la yegua. Voló en pedazos la pocilga de Pugsly, el cerdo. Voló en pedazos el corral de Chuck, el pollo.

—Tengo la mejor bazuca del mundo —dijo el conejo.

Entonces, sus amigos de la granja le dieron una paliza de no te menees y le robaron la bazuca. Fue el día más feliz de su vida.

Fin.

Epílogo: Como el cerdo Pugsly se había quedado sin pocilga, estaba muy enfadado. Cuando los demás no miraban, robó la bazuca, se ató un pañuelo a la cabeza y juró venganza por lo que le habían hecho.

—A partir de este día —susurró, alzando la bazuca—, me conocerán como Jambo.

Ya está. Me siento mucho mejor. Ahora podemos regresar a la historia con las pilas cargadas y seguros de que estáis leyendo el libro correcto.”

Datos bibliográficos:

  • Título: los huesos del escriba.
  • Autor: Brandon Sanderson.
  • Saga: Alcatraz contra los bibliotecarios malvados.
  • Editorial: Nova.
  • Páginas: 328.

Sinopsis.

El abuelo Smedry está en problemas.

¡Alcatraz al rescate!

En su segunda escaramuza contra los Bibliotecarios malvados que rigen el mundo, Alcatraz y su singular pandilla de luchadores siguen las huellas del abuelo Smedry hasta la antigua y misteriosa Biblioteca de Alejandría. Los habitantes de las Tierras Silenciadas, —las regiones controladas por los Bibliotecarios, como Canadá, Europa v Estados Unidos— creen que la biblioteca fue destruida hace tiempo. Los habitantes de los Reinos Libres conocen la verdad: la Biblioteca de Alejandría todavía existe y es uno de los lugares más peligrosos del planeta. Es el lugar que habitan unos de los Bibliotecarios más temibles: los Conservadores, una secta de muertos vivientes que se alimentan de almas. ¿Lograrán Alcatraz y sus amigos rescatar al abuelo Smedry y salir de allí con vida?

Reseña personal.

Comenzamos con Alcatraz esperando a su abuelo, pero él llega tarde, aunque más que tarde no llega nunca. El joven nuevo oculantista se embarcará en una aventura nueva: rescatar a su abuelo.

Gracias a un tipo especial de gafas, Alcatraz descubrirá que su abuelo está en la biblioteca de Alejandría y está en peligro, así que el chico se dispone a ir en su busca llevando consigo a su prima, su tío, su amiga Vastille y la madre de esta.

¿Podrá Alcatraz llevar a buen puerto esta misión?

##

Opinión personal.

Este libro es como el anterior, el autor nos cuenta dos historias, nos habla por un lado de las intrigas de los escritores y por otro lado de la aventura de Alcatraz.

En esta segunda parte la angustia aumenta, un cazador está tras los pasos de Alcatraz y el autor nos hace sentir lo que el chico siente. Me he visto mirar por encima de mi hombro en reiteradas ocasiones.

Me gustan los nuevos personajes que introduce este libro, sobre todo Caz, el tío de Alcatraz. Es un hombre muy interesante y del que quiero ser amiga. ¿Alguien lo saca del libro para mí?

Australia también es muy linda, me gusta esa chica por la personalidad entrañable que tiene. Es algo torpe y despistada, pero me ha encantado.

Pronto también os traeré la reseña del tercero, pero de momento me despido, mi pila de pendientes reclama mi atención.

¡Un saludo y hasta la próxima lectura!


Escrito por Attenhea

Hola lectores.

Vuelvo de nuevo con esta alocada chica y sus amigos de la Brigada. Esta vez os hablaré del libro siete, así que recordad los spoilers.

¿Leemos? ¡Allons-y!

“Nunca olvidaré esa determinación que tuve entonces. No importa qué dificultades tenga que afrontar ni cuantas veces me caiga, nunca pararé de avanzar. No soy la clase de experto en quemar puentes que abandonaría fácilmente la decisión que tomé hace sólo dos meses. Sólo pido que la expresión “yare yare” quede reservada en exclusiva para mí.

En otras palabras, no importa lo barata que sea la autoestima de uno mismo, el precio siempre será demasiado alto para venderlo en una subasta de un mercadillo. Incluso aunque alguien tenga que suspirar “yare-yare”, estaré bien mientras sea capaz de querer dar lo mejor de sí mismo. A nadie le importa las palabras de todos modos, ya sea, “Haruhi, idiota” o “Llévame contigo.”, no pasa nada si te quedas tan mudo como Nagato. En una carrera a tres-piernas, el pie de cada uno está atado al de su compañero, es imposible correr una carrera a tres-piernas únicamente atándote tu pierna con tu otra pierna, y es incluso más divertido correr con cinco personas en una carrera a seis-piernas. Tras los sucesos de la pasada semana, llegué a darme cuenta de todo esto.”

Datos bibliográficos:

Sinopsis.

Cuando ya había conseguido resolver el tema que me llevaba preocupando desde final de año y lo único que pretendía era disfrutar tranquilo de los meses que me quedaban como estudiante de primero de bachillerato, de repente Haruhi está de lo más rara con esa actitud tan melancólica que no me gusta nada. Con la sensación de que algo va a pasar me doy de bruces con una Asahina que viene de dentro de ocho días en el futuro y además resulta que el que la ha enviado al pasado sin que ella misma tenga ni la menor idea de por qué, he sido yo. ¿Qué narices estará tramando mi yo del futuro? ¡Llega con una fuerza impresionante la séptima entrega de esta exitosa serie!

Reseña personal.

Kyon busca calma, tranquilidad, poder vivir sus meses como estudiante de primero de secundaria como uno más, pero todo se complica cuando recibe la visita de una viajera del tiempo, pero si esto no fuera raro, ella le dice que fue él, el propio Kyon quien la envió ocho días atrás.

Es así como Asahina-san, pero de una semana en el futuro se presenta ante nuestro narrador.

Opinión personal.

Este libro, a diferencia del anterior me ha enganchado y gustado muchísimo.

Hacía tiempo que no veía una historia de seguido en lugar de pequeñas escenas de la vida de la Brigada.

Los viajes en el tiempo siempre me han gustado y este libro los tiene, pero no solo vemos esto, sino que empezamos a ser testigos junto a Kyon de que no solo la gente de mi Koizumi, de Asahina o Yuki están presenes en las peculiaridades que están pasando, sino que hay más personas interesadas en Haruhi y todo lo que ocurre a su alrededor.

También conocemos un poco a Tsuruya-san, la extraña amiga de Asahina. Sabemos a través de Koizumi como ella sabe algo de todo lo que ocurre, pero al mismo tiempo no sabe nada. Esta chica me llama la atención y me gustaría conocerla más, además está el que me río bastante con sus intervenciones.

Voy a empezar el libro ocho, no sé si intercalaré con él alguna lectura, pero cuando lo lea, también os vendré a hablar de él.

¡Un saludo y hasta la próxima lectura!


Escrito por Attenhea

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