O recuncho do lector

Hola lectores.

De nuevo una historia sobre una chica que aún no ha sido escrita. La vida de esta sacerdotisa hace años que da vueltas en mi cabeza. Quizá, si este año participo en el Nano, uno de estos relatos será el esquema de mi historia para noviembre. Espero que los lazos sin atar de Ivy os gusten.

¡Allons-y!

Los toques en su puerta suenan apremiantes, Ivy no quiere levantarse, si lo hace tendrá que enfrentarse a ese día que tanto miedo le ha dado, el día en el que su cuerpo se cubrirá por la etérea túnica azul y verde como el mar y ligera como el agua que la marcará de por vida, que atará el lazo de su vida a la diosa Hídor.

Solo quiere darse media vuelta, cerrar sus ojos azules y volverse a dormir, acurrucarse y no despertar, pero su madre entra a la habitación con pasos enérgicos y decididos, agarra las mantas verdes de la cama de su hija y las quita con fuerza. Ivy suspira y se incorpora, mira a su madre entre sus cabellos desordenados y ondulados, es muy guapa.

Su tez es bronceada, como la de su hija, pero sus cabellos son negros, espesos, lustrosos y brillantes como un manto negro de terciopelo. Sus ojos son almendrados, como los de su hija, pero no azules, sino castaños y en ese momento apremiantes.

Ivy ha heredado de ella la figura delgada y esbelta, pero no su pelo, ni el tinte de sus iris de miel. Tiene el cabello castaño brillante y ondulado, como el de su difunto padre. Esa mañana su cabello será cortado hasta la mitad de su espalda y teñido de azul desde los hombros hacia abajo, como muestra de respeto por su diosa Hídor.

Adayra mira a su hija, Ivy le devuelve la mirada y se pone en pie, camina hasta su baúl y saca de su interior una túnica blanca, ligera y fina que se pone por la cabeza; piensa en peinarse, pero se da cuenta de que no tiene sentido y tras tomar del tocador la cadena de plata con la piedra azul con forma de gota, sale tras su madre del pequeño cuarto de paredes azules y verdes que tiene en la amplia casa de las novicias de Saleam.

Juntas caminan por el corredor, el pasillo es un túnel de techos abovedados, de temperatura fresca y de paredes tenuemente luminosas como si estuviera hecho de coral de luz. El suelo del mismo está cubierto por una alfombra blanca, suave y esponjosa sobre la que caminan las novicias, las sacerdotisas y las madres superiores. A Ivy le gusta ese sitio, es tranquilo y fresco, es su hogar, pero en el fondo de su corazón esconde un secreto, un secreto que ni Zaida, su mejor amiga, conoce.

La mujer más mayor mira a la joven. Adayra se despide con un beso en la mejilla de su hija y ésta entra en una habitación de amplias cristaleras que dan al mar y en la que cuadros de ríos, lagos y embalses dan un toque fresco a al cuarto. Dentro de la estancia, dos sacerdotisas rubias la aguardan, ante ellas hay una silla negra en la que Ivy se sienta dándoles la espalda, ellas, con manos diestras comienzan a peinarla y poco a poco a cambiar su aspecto.

Tras lo que para Ivy es una eternidad, las dos sacerdotisas envuelven su cabello en hojas y la ayudan a ponerse en pie, las tres salen de la estancia, es entonces cuando la chica ve actividad en los pasillos y reconoce a Zaida, una muchacha alta y espigada, de melena lisa, fina y dorada, que también está envuelta en hojas, y grandes ojos grises; ambas se sonríen desde lados opuestos del corredor, pero siguen caminando junto a las dos mujeres que las llevan.

Todas las novicias, diecisiete para ser exactos, llegan a una gran estancia con el techo en forma de cúpula, una cristalera cubre su cúspide haciendo que una luz multicolor bañe la estancia y caiga sobre la amplia piscina que se encuentra en el centro del lugar. Todas las novicias hacen un corro entorno a la misma y extienden los brazos, las mujeres que las acompañan se colocan a sus lados, cuatro pasos por detrás y las jóvenes comienzan a entonar el canto, el juramento de fidelidad a Hídor que ninguna ha de romper bajo ningún concepto.

Pero Ivy lo pronuncia a regañadientes, ella no siente el lazo del que hablan sus hermanas y cree que nunca lo sentirá. No quiere ser sacerdotisa, si está haciendo eso es por su madre, solo por ella, aunque quizá su vida algún día pueda cambiar…

¡Un saludo y hasta la próxima palabra!


Escrito por Attenhea

Hola lectores.

Más que un relato, esta es la presentación de una ciudad que hace mucho que está en mi mente. Solo el cielo la conoce, ya que es invisible a los ojos de todos los demás, aunque quizá no por mucho tiempo.

¡Allons-y!

Un cielo gris, una ciudad de altos edificios y humo negro. Bajo la urbe unas cascadas que llevan agua de un rojo intenso. A este lugar se lo conoce como “La ciudad de las fuentes de sangre”.

Un lugar temido, oscuro y legendario. Un lugar donde la Magia se corrompió hasta desaparecer en su forma más pura…

Una ciudad que vivió una guerra tan cruel que sus aguas se tiñeron del rojo de la sangre derramada…

Un lugar dónde ya no brilla el sol…

Pero, si solo es una ciudad ¿por qué los reinos vecinos no atacan a ese rincón perdido?

Bueno, para ello tendrían que saber que existe.

Hace trescientos años se inició la guerra que terminó con todo. Aquel fatídico día pereció un reino, desapareció una ciudad y la Magia cambió para siempre.

Nadie, en todo el continente, podía imaginar la verdadera historia que se escondía tras la desaparición de aquel próspero lugar.

Había una mujer. Una mujer llena de ambición y poder… Ella destacaba en la nigromancia. El consejo de magos la rechazó mil veces… Era una mujer, y por ello, no había lugar para ella.

Un día, esta mujer encontró un libro antiguo. Un libro demasiado antiguo…

Trabajando en su taller algo salió mal. Cuando escapó de las llamas de aquel lugar no era la misma mujer que había entrado horas antes.

Quizá, no debería haber leído aquel libro y, solo quizá, no debería haber intentado usarlo.

Cuando entró a su estudio lo hizo sola, pero cuando salió cuatro vidas salieron con ella. pronto su vida iba a dejar de ser solitaria.

Carman es el nombre de esta nigromante corrompida por la magia negra.

Esta hechicera destructiva tuvo tres hijos tras su experimento a los que llamó con nombres del lenguaje arcano olvidado: Dub (“oscuridad”), Dother (“mal”) y Dain (“violencia”),

Ella gobierna en la ciudad y ahora está lista para salir y dominar todo lo que caiga bajo su mirada.

Acompañada por sus tres hijos está dispuesta a demostrar al mundo que pese a ser una mujer es poderosa.

¡Un saludo y hasta la próxima palabra!


Escrito por Attenhea

Hola lectores.

El bosque giró entorno a Abel, la canción lo hace entorno a Stara, una chica joven encandilada por las canciones antiguas de dioses y éroes, por las historias y los cuentos. De nuevo la historia de esta chica aún no ha sido escrita, pero espero que os guste.

¡Allons-y!

“Stara, has de ser una buena chica, serás una sacerdotisa, a las sacerdotisas se las respeta, ¿Me estás escuchando Stara?”

Nunca quise ser una sacerdotisa de Tilia, bueno, de ningún otro dios la verdad, no me llamaba la atención ninguno de ellos, bueno sí, sus historias y canciones, sobre todo aquellas de los años oscuros y el hechicero Uril, esas me encantaban,

Creo que mi espíritu aventurero viene por los libros que leo y los viajes que hace mi padre y a los que yo no puedo ir por esa soberana tontería de que soy mujer. Por eso cuando lo conocí a él, cuando caminando felizmente por el bosquecillo conocí a ese elfo de cabellos tan negros como la noche y hermosos ojos gris tormenta, me sentí como una de las protagonistas de los libros que me leía mi aya.

Quería bajar hasta el río y sentarme allí a escuchar su canción, lo hacía siempre que mi madre organizaba una de sus reuniones de señoritas y mi padre salía de viaje; no quería estar con ellas así que salí por la puerta trasera y bajé corriendo entre los árboles hacia el sonido del agua. Cuando llegué la sorpresa llenó mi cuerpo, ya había alguien en mi rincón secreto, un joven con el pelo y la ropa mojada.

Al escucharme el  joven se puso en pie de un salto y cayó sobre mí con un estilete en la mano. Sentí miedo. Mis ojos se fijaron en sus orejas punteadas y sus ojos rasgados, unos ojos que se clavaron en los míos. Una chispa de arrepentimiento prendió en sus pupilas y se apartó de mí de golpe mirándome con disculpa, confusión y abatimiento, parecía un niño asustado allí a un metro de mí, creo que no mejoré la situación cuando me eché a llorar.

—No llores… —me pidió el elfo con voz dulce—. Por favor, no llores pequeña.

—Me has hecho daño.

—Te pido disculpas, pero me asustaste, actué sin pensar, además, no podría hacer daño a una niña tan bonita como tú en la vida, y eso que mi vida es muy larga. ¿Me perdonas? —sacudí la cabeza—. vale, no me perdonas —El se acuclilló y me tendió el estilete por la punta—. Creo que los humanos lo hacéis así.

—Sí, mi padre hace eso a veces con otras personas. —Tomé por la empuñadura dorada con piedras rojas el estilete que me tendía—. ¿Cómo te llamas?

Esa pregunta salida de mis labios creó entre los dos una amistad que por lo menos yo no rompería jamás y supe que él tampoco, Driz se convirtió en mi hermano mayor, mi mejor amigo y durante los años de mi adolescencia y preadolescencia en mi amor platónico.

Cuatro años después de ese primer momento acudí al lugar donde él se ocultaba y me encontré con que él ya no estaba, me había dejado un mensaje, me decía que no quería meterme en problemas y que si yo lo necesitara que le enviara un mensaje sin dudarlo ni un segundo. Me sentí traicionada, pese a mí misma lloré, lloré amargamente por el amigo y hermano que me había dejado sola y se había marchado sin mí sin decirme nada.

Corrí de vuelta a casa y no hice caso de lo que mi madre me decía, me iban a mandar al santuario de Tilia para hacerme sacerdotisa, eso era lo que me faltaba, algo se quebró en mi interior, ni si quiera podía confiar en mi madre, ella me quería mandar lejos, alejarme de ella, sacarme de mi casa. Decidí que jamás me iba a encariñar de nadie, de nadie, aunque mi vida dependiera de ello, nunca más volví a confiar en nadie más.

Sí, hice amigas en el santuario, pero nunca confié en ellas, las sentía como unas compañeras más que como unas amigas, solo había tenido una amiga en toda mi vida, una amiga que no me traicionaría jamás, yo misma. Fue doloroso recordar a Driz, su sonrisa cálida, el cariño en sus ojos; cada vez que pensaba en él mi corazón se aceleraba, quise olvidarlo y lo conseguí hasta que a los dieciséis años llegó una carta al santuario, una carta a nombre de Star.

La madre Cila me tendió la carta y cuando la tomé entre mis manos supe que era de él, de Driz. Esperé hasta la hora de la comida y me alejé del resto de estudiantes sentándome bajo un árbol, la abrí y leí las palabras que el elfo había escrito para mí. No quise leerlas de inmediato, antes de ello evoqué el momento de mi llegada y su ausencia. Cogí aire varias veces y bajé la vista hacia las líneas de pulcra caligrafía.

Hola estrellita, espero que todavía te acuerdes de mí, si no lo haces, lo entenderé, habrás querido sacarme de tu vida, gracias a mí te enviaron lejos de tu familia, gracias a mí estás metida en un monasterio o como lo llaméis los humanos, te pido disculpas Star, pero tuve que irme, me arriesgaba a meterte en más problemas de los que ya tenías si puedes venir, me gustaría verte en el cenador dónde nos despedimos.

La verdad, acudí a su encuentro como mi corazón me ordenaba, ese sentimiento de amor platónico que sentía por él se había apagado y volvía a verlo como mi hermano. ¿Qué hubiera pasado si no hubiera ido? ¿Los hubiera conocido a todos de igual forma? ¿Me hubiera visto envuelta en las guerrillas que cubrían todo el continente? Nunca lo sabré, pues acudí a su encuentro y toda mi vida cambió de forma radical ¿Para mejor o para peor?

Sea como sea, me gusta imaginar que mi propia canción comenzó con esa carta.

¡Un saludo y hasta la próxima palabra!


Escrito por Attenhea

Hola lectores.

Volvemos con una historia que aún no ha sido escrita y que puede cambiar a lo largo del tiempo hasta que lo sea. Este es un recuerdo de una exaltadora que explica por qué nunca pudo olvidar la mirada de una niña asustada y por qué decidió construir su futuro a raíz de esa mirada.

¡Allons-y!

¿Por qué estoy aquí? Bueno, es simple, estoy aquí por Kasiri, pero ¿Quién es Kasiri? Te preguntarás. Dicen que no puedo contar historias que no son mías, pero esta historia es tan mía como suya, yo estaba ahí, permití que sucediera…

Tenía diez años, ella once. Apenas nos conocíamos, estudiábamos en el mismo colegio, era del mismo lugar que mi mejor amigo y eso supongo que nos unía un poco. Nunca jugamos juntas, tampoco nos peleamos, ni tan si quiera cruzamos un par de palabras fuera de la educación y la cortesía, pero yo fui la única que vio lo que sucedió y la única que estuvo con ella en ese momento.

Era un día gris, todas las historias suceden durante un día gris, pero fue así, estaba nublado, el sol había desaparecido y yo estaba en un lugar prohibido, mi mejor amigo vivía allí y yo solo pensaba en verlo y jugar con él, ambos tenemos el mismo don y le gustaba enseñarme lo que su tío les enseñaba a su hermano y a él en clase, pero tendré que ser sincera, Ámer no es buen profesor, pero lo que me enseñó me convirtió en lo que soy hoy y lo que yo le enseñaba de mis clases le transformó por completo.

Pero no es mi historia con Ámer de lo que quiero hablarte, es de Kasiri y me estoy yendo del tema, lo siento.

Kasiri era una niña bien, venía de familia pudiente, de esas de rancio abolengo, pero tu nivel social no importa cuando tus padres permiten que te lleven y da igual lo que grites, llores o supliques, solo servirá para que te lleven más rápido. Si lloras muestras debilidad y si muestras debilidad averguüenzas aún más a tu familia, como si fuera culpa tuya estar maldita por la calma.

Era un día gris como ya he dicho. Ámer se había marchado ya, su hermano Galen ya había ido a buscarle y yo me había escondido para que el mayor no me viera en ese lugar prohibido para mi gente. No imaginé que podría perderme entre las calles de la ciudad, pero lo hice. Me vi sola y no hay que olvidar que solo era una niña de diez años.

Caminando llegué hasta una casa enorme con jardines grandiosos. Me pareció preciosa y sin poder evitarlo. No sé si fue un error o no. En el jardín de la casa, en la parte de atrás, lejos de miradas, había una niña.

La reconocí del colegio, iba un curso por delante de Ámer y de mí. Parecía siempre triste, sus ojos no tenían luz y su mirada estaba apagada; las malas lenguas decían que el niño al que sus padres querían prometerla se había escapado ante ese futuro, pero Ámer lo conocía y según él, el chico nunca habría escapado ante la perspectiva de casarse con Kasiri.

Quise acercarme para preguntarle cómo volver a mi casa, pero no tuve ocasión, dos hombres vestidos de negro y dorado aparecieron de la nada, la niña intentó retroceder, pero la agarraron entre los dos y aunque ella pataleó y gritó no pudo soltarse. La vi revolverse como una serpiente, lanzando patadas y puñetazos, incluso intentó morder a uno de los tipos, pero él le cruzó la cara de con un fuerte bofetón.

Me llevé las manos a la boca intentando reprimir el grito de horror que pugnaba por salir de mi garganta, mis ojos vieron a los padres de la chica en la puerta, el hombre miraba frío y  serio mientras trataban así a su hija y la mujer, la madre de la chica, se limitaba a estar ahí con una mueca de repugnancia.

No sé cómo, pero mientras se la llevaban, mis pies corrieron tras los hombres, por eso ella me vio. Justo antes de que uno de ellos la golpeara contra una pared y la dejara sin conocimiento, sus ojos se encontraron con los míos. Su mirada castaña enfrentada a la mía verde. Mi cara llena de horror, de perdón y de miedo, la suya llena de lágrimas, sangre y mechones de cabello rubio oscuro pegados a sus mejillas mojadas.

Sus labios pronunciaron mi nombre y yo también lloré. En ese momento no conocía su nombre, ella el mío sí. Tampoco sabía lo que estaba pasando, en mi mundo no había espacio para maldiciones y esa chica nunca estuvo maldita para mí.

No sé el momento exacto en que se alejaron de mí y la niña salió de mi campo de visión. La miré a los ojos hasta que estos se desenfocaron tras el golpe con la piedra.

Me acerqué al lugar y mi mirada se tompó con una pulsera de plata con una luna azul engarcada en su centro. Apenas fui consciente de que mis dedos agarraban la joya. Fue entonces cuando supe el nombre de la chica a la que acababan de matar.

Kasiri.”

Ese nombre estaba gravado en el interior de la pulsera. Alcé la cabeza mientras me guardaba la alhaja, no dejaría que nadie la encontrara y menos esos padres que le habían dado la espalda a su propia hija. Me prometí preguntarle a Ámer qué había pasado ahí y sobre todo no olvidar a esa niña nunca.

Ahora sé que no la mataron, lo que le hicieron fue mucho peor, volcaron su reloj de arena, le quitaron la vida y la obligaron a una existencia hueca, llena de dolor, frío, terror y castigos por algo que no era culpa suya.

¿Por qué estoy aquí? Bueno, es simple, estoy aquí por Kasiri. Cuando conocí el por qué se la habían llevado, me juré ayudar a los chicos a los que habían robado sus vidas y como a ella los obligaron a existir entre dolor. Decidí encontrar a Kasiri y pedirle perdón tendiéndole una mano aliada, aunque no sé si podrá perdonarme alguna vez el haberme quedado mirando sin hacer nada.

¿Por qué estoy aquí? Porque la lucha pacifista ahora también es mi lucha.

¡Un saludo y hasta la próxima palabra!


Escrito por Attenhea

Hola lectores.

En este relato estoy esbozando un diminuto fragmento de mi proyecto Faery futuro. Lo más seguro es que no termine siendo así, pero me encantan estos dos personajes y quería presentároslos de algún modo. La primera vez que el corazón de Heart latirá por Kari.

¡Allons-y!

El sol es el primero en darle la bienvenida al lugar, ya había estado allí antes, pero nunca de esta forma, nunca como un interno más. Su hermana trabaja ahí, ella es valiente por enfrentarse a tanto, sabe que ahora las cosas están más tranquilas, más suaves y que nada es comparable a cómo era antes; admira a la joven por haber hecho frente a todo aquello sin venirse abajo ni una sola vez.

Sus pasos son firmes, pero sus pensamientos no. No está seguro de lo que está haciendo, tiene que ser sincero consigo mismo. Tiene miedo. ¿Quién se cree que es él para creerse con la fuerza de enfrentarse a eso?

Las generaciones que han nacido para estar ahí, que se han mentalizado, preparado, que han sobrevivido y muerto por haber nacido como él sí que son fuertes, pero sabe de sobra que él no lo es, que no podría haber vivido lo que ellos.

Cuando se presenta ante el grupo no ve miradas de desdén ni malos gestos, solo una bienvenida silenciosa, ojos que lo observan con curiosidad e interés, pero nada de ostilidad. Es uno de ellos y acaba de entrar a formar parte de su mundo.

El entrenamiento es duro, nunca había tenido que hacer algo similar, su oficio es la peluquería, no sabe nada sobre luchas y sobre defensa, solo lo poco que su hermana le ha enseñado y ella lo aprendió ahí. La ve seguir sus movimientos con esos hermosos ojos lilas que la naturaleza le ha dado y con un movimiento rápido con los dedos le dice que está bien, ella alza la mano y roza el reloj de arena de su muñeca con una sonrisa. Está orgullosa de él y con esa señal sabe que estará a su lado siga con el entrenamiento o no.

Al llegar la hora del descanso cinco jóvenes se acercan a él. Una chica rubia y de ojos verdes le da la bienvenida con una media sonrisa. A la morena del grupo ya la conoce, vive con su hermana y su pareja. Los dos chicos, uno pelirrojo y otro castaño le ofrecen apoyo, pero no son esos cuatro los que le hacen ponerse en pie, es la otra chica, sin duda la líder del grupo.

Los ojos castaños de la joven lo miran serios y su pelo rubio oscuro brilla bajo el sol. Lleva la cinta azul atada a la muñeca izquierda como el resto del grupito y supone que significa algo. Cuando ella le tiende la mano y él se la estrecha, siente un hormigueo por todo el cuerpo y su corazón se acelera y ruega que su pálido rostro no se haya ruborizado.

—Me presento. Mi nombre es Kari, soy la líder de veteranos; ellos son Adrik, Ciel, Aron y Liah, también veteranos. Como novato, aunque seas mayor que nosotros, entrarás a formar parte de una familia. Las familias son nuestros asignados y tú, como recién llegado y siendo un caso especial, si estás de acuerdo, formarás parte de mi familia. Para cualquier problema, queja, inconveniente o petición, deberás buscarme y hablar conmigo. ¿Estás de acuerdo¿

—Sí… —la voz del joven es solo un susurro, pero ella tampoco ha hablado en un tono muy elevado.

—Pues bienvenido… —lo mira interrogante.

-Heart, me llamo Heart.

—Bienvenido, heart. Sigue respirando.

¡Un saludo y hasta la próxima palabra!


Escrito por Arthemisa

Hola lectores.

Espero que tengáis una feliz semana y que el lunes haya sido un buen día. Hoy mi relato tiene como protagonista a un silfo, os voy a ser sincera, este personaje está vivo en una historia que nunca ha dejado de dar vueltas en mi cabeza. Se llama Abel y tiene cinco amigos maravillosos con los que algún día recorrerá su mundo y vivirá mil aventuras, aunque de momento está durmiendo, su historia aún no ha sido escrita. Pero, el relato del silfo y su bosque sí. ¿queréis leerla?

¡Allons-y!

Desde que era pequeño me han enseñado a cuidar el bosque y la vida, pues nosotros en eso nos parecemos a las dríadas, pero a ellas se las conoce como las esposas de los árboles y las guerreras de la vida.

Nosotros por nuestra parte defendemos el bosque ya que es nuestra casa, pero no somos como ellas, ni de lejos, nosotros no luchamos cuando un intruso entra en nuestro bosque, no disparamos y luego preguntamos; nosotros invitamos al forastero a unirse a nuestras danzas, a nuestras fiestas y a nuestros ritos.

Nunca he entrado en  Earin, pues los silfos lo tenemos prohibido, sí, las hadas pueden entrar siempre y cuando la matrona les de permiso y solo cuando uno de nuestro pueblo está herido, pues son ellas quienes tienen el poder de curación innato.

Durante toda mi infancia me han hecho creer en algo que yo no entendía, durante toda mi infancia me han repetido las mismas palabras, los versos de Minna, nuestra patrona.

Minna es nuestra vida, me decían, Abel, aprende a amar a Minna, me repetían, pero yo no lo entendía, ¿Cómo voy a amar a alguien que no conozco? Aprendí pronto a no formular esta pregunta, a no hablar y a no exteriorizar mis verdaderas opiniones excéntricas, pues yo creía en lo que podía ver y he de ser sincero, en la vida he visto a un hada bañada de azul con poder sobre el mar.

Recuerdo que cuando tenía solo veinte años, para los de mi pueblo un niño que no alcanzaba a volar solo ni cincuenta metros, decidí plantear en mi clase esta pregunta; aún me arrepiento de haberlo hecho.

Lo recuerdo como si fuera ayer, yo quería saber, no hay cosa que más ansíe en el mundo que el anhelo de conocimiento, el querer llegar más allá.  No pensé que fuera a hacer daño a nadie pero lo conseguí; a mi maestra, un hada delicada, menuda y mayor se le cayó al suelo el libro que sostenía entre las manos y me miró con esos ojos verdes que siempre reflejaban calor y amor aunque en ese momento en ellos yo solo veía ira y frialdad.

Se acercó a mí y con una de sus blancas manos me golpeó con una fuerza que yo no creía que podía haber en su interior. Jamás hubiera pensado que la amable Laurel podría ser tan cruel con uno de sus alumnos, yo la miré desde el suelo sin saber qué había dicho para contrariarla, la respuesta me llegó de labios de mi hermana, sentada un poco más lejos; Seian me miraba con sus ojos azules muy abiertos y musitaba solo una frase, una frase que aún en sueños me persigue:

—ese, ese no es mi hermano, pues de mi hermano no habría salido tal herejía.

Esas palabras me hicieron más daño que cualquier golpe, cualquier ataque físico. Salí corriendo del claro donde Laurel nos daba clase y me perdí, me perdí como un niño asustado, bueno, en efecto lo era, no quería escuchar a nadie, no quería más sermones, más golpes y sobre todo no quería volver a ver a Seian, con esa frase había cortado cualquier lazo que nos unía.

Llegué casi a la frontera del bosque y allí vi por primera vez a una de ellas, vi por primera vez a una dríada. Danzaba entre los árboles con sus rojizos cabellos al viento, su menudo cuerpo casi parecía volar, sus ropas se camuflaban con los claroscuros del bosque y sus ojos no me vieron en ningún momento, pues yo era pequeño y supe ocultarme.

Pensé que no me había visto, pero tras acabar su danza se detuvo y miró fijamente al lugar donde yo estaba oculto, me había visto desde el principio. No se enfadó, ese día yo había visto tantos enfados que no quería que nadie más me echara la bronca, por lo que su sonrisa me alegró la expresión y me vi impulsado a salir y devolvérsela, solo el agua cristalina del río nos separaba.

—¿Te has perdido? —preguntó con su voz dulce y aguda como el gorjeo de un pájaro.

—No. —me limité a decir—. ¿Y tú? —ella rió y nunca en la vida había escuchado un sonido similar.

—No, yo estoy bailando para mi diosa.

—¿La conoces? —pregunté antes de poder refrenar mis palabras.

-No. Al igual que tú tampoco conoces a Minna, tu patrona.

Yo abrí la boca para contestar, pero ella alzó una mano, miró sobre su hombro y saltó sobre las rocas hasta mí. Cuando la tuve al lado me di cuenta de que no tenía mi edad, seguro que tendría el doble de años que yo, era menuda como todas las de su pueblo y su rostro era de rasgos aniñados y bronceados.

—¿Me guardas un secreto? —asentí—. mientras que no la conozca, yo no creeré en Irina. Y mi hermana menor tampoco, yo me estoy encargando de eso, como que mi nombre es Seide, ella no va a ser una esclava de la fertilidad y la vida.

—A mí me han pegado por no creer.

—Este es un mundo libre, puedes creer o no creer.

—Solo dije que no quería amar a alguien que no conocía.

—Gracias, eso le diré a Maya cuando me pregunte por la diosa —la dríada rió—. Ahora me tengo que ir silfo, pero si quieres venir a verme bailar, acude aquí antes de que el sol de las tres Ladys desaparezca por entre los árboles.

Así hice una amistad con una dríada que nunca más vería, pues tras haberla ido a ver bailar durante muchos días, meses e incluso años, dejó de acudir y nunca más la volví a ver pero no tardé en hacer otra amiga; veinte años después me arriesgué a entrar en Earen para buscarla, pero no fue a ella a quien encontré, sino a una joven dríada de pelo verde y hermosos ojos negros, era hermosa, como todas las dríadas, pero ella me ayudó a salir y fueron tantas las emociones del momento que nunca le pregunté por Seide.

Pero ahora mismo, cuando ya soy mayor y he madurado, me pregunto si no hubiera sido mejor creer en Minna, ¿A caso eso me habría librado de vivir los horribles sucesos que viví?

¡Un saludo y hasta la próxima palabra!


Escrito por Attenhea

Hola lectores.

Aunque estos libros los leí durante la cuarentena, veo hoy un buen día para traeros la reseña de la octava entrega de esta saga.

Nos vamos acercando cada vez más al final, poco a poco la saga se acaba y con ella las aventuras de la Brigada. Libro 8, por lo que habrá spoilers.

¿Leemos? ¡Allons-y!

“¡Eh tú, estafa de presidente del Consejo estudiantil! ¿¡Qué te crees que estás haciendo encerrando a tres de mis leales sirvientes en semejante lugar!? ¡Te habría encontrado tarde o temprano, pero si se trataba de algo tan interesante, deberías habérmelo dicho a mi primero! ¿Y qué es lo que estás haciendo? ¿No estarás metiéndote con Yuki, verdad? No habría problema si fuera con Kyon, pero si se trata de Yuki, ¡de ninguna manera lo permitiré! ¡Te daré de hostias hasta dejarte inconsciente y luego te tiraré a la piscina desde la ventana!”

Datos bibliográficos:

  • Título: La indignación de Haruhi Suzumiya
  • Autor: Nagaru Tanigawa
  • Editorial: Ivrea
  • Páginas: 310

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Sinopsis.

Cuando Haruhi Suzumiya no sabe qué hacer con su tiempo libre, significa que se armará un alboroto tan grande que pondrá al mundo patas para arriba. Pero eso que le hace brillar los ojos también la pone en situaciones complicadas. El presidente del consejo estudiantil se ha atrevido a decir que siquiera reconoce la existencia de la Brigada SOS en sí. La inesperada aparición de un poderoso enemigo y el cambio de rango de Haruhi. Bajo las órdenes de la “editora en jefe”, los miembros de la Brigada SOS, nos ponemos a escribir obras literarias y demás como penitencia.

Reseña personal.

¡No! El nuevo presidente del consejo estudiantil dice que no reconoce la existencia de una Brigada SOS y que el club de literatura, cuya única componente es Yuki Nagato, no está siendo un club como su nombre indica. El presidente dará un plazo a los miembros de la Brigada, pero no para que demuestren que son un club, sino para que el club de literatura ejerza como tal o sino el cuarto les será arrebatado.

Opinión personal.

Este libro nos muestra un fin de curso muy curioso para la brigada. Para empezar la disputa con el presidente del consejo estudiantil y para terminar unos espíritus que afectan a los perros.

El octavo volumen se divide en dos partes, por un lado vemos cómo Haruhi se enfrenta al presidente del consejo e intenta lograr su propósito sin doblegarse ante él y por otro lado vemos como una compañera de clase de Kyon y la comandante les pide ayuda con unos espíritus que molestan a su perro.

Aunque no está a la altura del libro 4, hasta ahora mi favorito, sí que me ha gustado más que los dos anteriores porque vemo un poco más de la faceta sobrenatural de los miembros de la Brigada.

De nuevo Kyon nos lleva junto a sus compañeros hasta unos episodios normales en su día a día, pero extraños y sobrenaturales para nosotros, los lectores.

A veces Haruhi me cae demasiado mal, me encantaría darle un guantazo y comprobar si es capaz de madurar, pero por otro me gustaría al menos ser miembro de la Brigada y vivir todo lo que viven ellos, no sería slsolo para conocer a Koizumi, que también.

Ahora iré a adentrarme en el noveno libro que me está esperando mientras da saltos en mi estantería.

¡Un saludo y hasta la próxima lectura!


Escrito por Attenhea

Hola lectores.

Otra semana llega a su fin, pero a este reto aún le queda mucha vida. Hoy todo gira entorno al gélido hielo.

¡Allons-y!

el alto edificio de piedra se alza majestuoso a un lado de la calle, los estudiantes salen en tropel de su interior y las voces se alzan hacia el cielo invernal.

Tres personas se separan de la multitud, caminan mientras discuten y gesticulan con las manos. Son dos chicos y una chica; los jóvenes son quienes discuten, ella se limita a mirarlos callada desde sus ojos lilas, no se va a meter, sabe que sus hermanos no están enfadados.

Escuchando las voces de ´sus acompañantes en un segundo plano, empieza a dejar que su cabeza vuele libre, sus pensamientos corren tan rápido que ella no puede seguirlos, pero aún así caza al vuelo retazos de ideas e imágenes de recuerdos.

Su hermano mayor posa una mano en su hombro y ella vuelve al presente apartando de su rostro un mechón de cabello rosa que se le ha escapado de la coleta. mira a los chicos, los tres tienen los ojos lilas y si ella no se hubiera teñido el pelo de rosa, lo tendría igual de rubio que el mayor de los dos.

La pelirrosa alza la cabeza, sus hermanos se han callado y miran hacia lo alto, pero ella no ve nada fuera de lo normal y cuando está a punto de volverse hacia ellos para preguntarles, lo ve.

En lo alto del instituto, sobre el tejado hay una figura, una persona está de pie y parece mirar hacia abajo. Un escalofrío recorre a la chica y siente la tensión de sus hermanos. Recuerdan sin poder evitarlo los tres a la vez la ocasión en que alguien se subió al tejado del edificio y no les gusta el recuerdo.

Sin palabras se ponen de acuerdo en que hay que hacer algo y entran como tres centellas en el instituto ahora casi desierto por la hora del recreo. La chica, haciendo gala de su mejor sonrisa distrae a los conserjes mientras sus hermanos roban la llave de la azotea.

Sin perder un solo segundo los tres corren escaleras arriba y el menor de los chicos abre la puerta metálica de lo alto cuando llegan. El aire frío revuelve los cabellos rosas de la chica y la bufanda a franjas amarillas y negras de su hermano pequeño. El flequillo del mayor azota su rostro e impaciente se aparta el pelo de un manotazo.

—¡Mirad!

El menor de los hermanos señala la figura y el aire se corta en los pulmones de la pelirrosa. La persona se ha vuelto hacia ellos.

El sol de invierno se refleja en unos cabellos tan blancos como la nieve que arrancan destellos irisados movidos por el viento. Los ojos del desconocido, de un azul tan claro como el hielo no pierden detalle de los hermanos, pero no es ese el detalle que los ha hecho retroceder y mirarlo espantados, son las grandes alas blancas que sacuden el aire a su espalda.

—¿Quién eres? —susurra la chica.

—Soy vuestro ángel guardián; me presento, mi nombre es Ace y estoy aquí para protegeros.

el ser alado tiende las manos a los jóvenes y como uno solo los tres avanzan hacia él, saben el peligro al que se refiere el “ángel” aunque este no haya hecho alusión al mismo. Sobre ello discutían los chicos.

Los hermanos se miran unos a otros, saben que tienen en ese momento todo lo que necesitan, que es los unos a los otros, nadie los extrañará y sobre todo, nadie los buscará. Se cogen de las manos con la chica entre ellos y los chicos tienden la mano a Ace.

El “ángel” sonríe con una sonrisa tranquilizadora y los cuatro desaparecen de la azotea dejando a su marcha solo una llave metálica, la misma que utilizaron para salir a la azotea y una ráfaga de aire helado acompañado por cristales de hielo que al caer al suelo se resquebrajan como espejos que arrancan destellos bajo el sol.

¡Un saludo y hasta la próxima palabra!


Escrito por Attenhea

Hola lectores.

Este no era el relato que os iba a traer hoy, pero cuando no dejaba de pensar en esta historia, no pude evitar escribirla y me gusta mucho más que lo que escribí en un principio. Espero que os guste también. ¿Queréis conocer a mi Aurora?

¡Allons-y!

La joven de cabellos dorados y ojos azules mira el gran palacio de piedra blanca con una sonrisa en los labios, estaba dispuesta a ser la mejor costurera y al fin lo ha conseguido.

La reina de las hadas la había hecho llamar para confeccionar su vestido para la coronación y ahí está ella, Aurora, antigua princesa del Reino del Sueño y ahora convertida en la mejor costurera del continente.

La chica alzando la cabeza con porte orgulloso entra a los terrenos del palacio. Colgando de su brazo derecho lleva una cesta llena de telas y arrastrando tras de sí una bolsa con todos sus instrumentos.

Tras presentarse en las puertas, la hacen cruzar largos pasillos, suntuosas salas y lujosas estancias hasta llegar a una habitación donde la reina la aguarda. Sus ojos verdes la miran y Aurora teme por un momento que la reconozca, pero el hada la mira sin ver, no se va a dignar si quiera a ver a alguien inferior a su posición.

Aurora hace una reverencia y los labios rojos de la reina dibujan una sonrisa fría de cortés educación. Su tez blanca brilla como la nieve y su pelo negro contrasta como la noche. Cuando la joven rubia se incorpora avanza al interior de la habitación sacando una cinta de medir del interior de su canasto.

Dando vueltas entorno a la reina toma sus medidas y con trazos firmes los apunta en un cuaderno. Al terminar, juntas escogen una tela negra con reflejos plateados para su vestido; con un asentimiento Aurora sonríe y la reina con paso majestuoso sale de la sala, la costurera se ha quedado sola.

Sentándose frente a la rueca comienza a tejer con movimientos diestros. No puede evitar pincharse con la aguja y se lleva la llema del dedo a la boca, una gota de sangre ha florecido sobre su piel, no quiere estropear la tela manchándola. Sigue tegiendo mientras tararea sin hacer caso al pinchazo, hace mucho tiempo que no tiene que preocuparse por las agujas y lo que le puedan hacer. Sonríe para sí, gracias a esa maldición se ha convertido hoy en la mejor en su oficio.

La noche cae, Aurora no ha parado desde que la dejaran sola en la estancia, apenas ha avanzado en su labor, pero no le importa, tres golpes en una ventana la hacen sonreír y corriendo hacia allí abre el cristal, tres destellos entran en el cuarto y con un fogonazo de luz verde, azul y roja, tres mujeres se materializan frente a la joven.

—¡Lo has logrado, niña!

—Sí, tía, necesito vuestra ayuda, tenemos que hacer el mejor vestido del mundo.

Las tres mujeres sonríen y del interior de sus ropas sacan sus baritas mágicas apuntando hacia la rueca y la tela negra, en un parpadeo se alza ante ellas el vestido más regio y magestuoso que ninguna ha contemplado, ni si quiera el que Aurora llevó en su primer y último baile era tan hermoso.

La costurera sonríe y las tres mujeres, tras darle suerte vuelven a tornarse destellos y salen de la estancia. Despeinando sus cabellos de oro, frotándose los ojos hasta irritarlos y pincharse a posta con la aguja otra vez, sale al pasillo con gesto cansado, un guardia la mira y ella le pide que avise a la reina, su vestido está listo.

Aurora ajusta la prenda entorno a la reina que está de pie sobre un escalón, con diminutos alfileres la joven sostiene trozos de tela radiante mientras la reina sonríe complacida llena de soverbia, la chica sabe que nunca se había visto tan hermosa.

Apretando los dientes la chica sigue ajustando la prenda entorno a la figura curvilínea del hada sin alas y trata de ocultar el odio en sus iris azules. A punto de terminar pincha sin querer a la reina y aguanta el chaparrón de improperios, no le importa, su trabajo está hecho.

Ve por el rabillo del ojo como los tres destellos vuelven y justo cuando la reina cae al suelo inerte Aurora se permite sonreír, su venganza acaba de cumplirse; Maléfica la hizo dormir cien años, ahora ella dormirá quinientos gracias a su misma maldición.

¡Un saludo y hasta la próxima palabra!


Escrito por Attenhea

Hola lectores.

¿Recordáis el relato de Cascada? Pues este es algo así como su continuación o algo así. Espíritu es la protagonista de estas líneas.

¡Alons-y!

El hombre mira entorno a sí, no hay puertas forzadas y ninguna de las vitrinas parece haber sido abierta, pero el interior de las mismas está vacío, lo que significa que sí lo han sido.

Camina de un lado para otro sin perder detalle de lo que tiene delante; el ladrón ha sido cuidadoso, no ha dejado huellas y sino fuera por el espacio hueco de las vitrinas de cristal reforzado, el investigador habría pensado que los anfitriones de la fiesta se habían inventado el robo.

El hombre vestido de azul marino sale de la estancia y se encuentra con todos los invitados de la fiesta, todos callados, todos quietos, ninguno puede marcharse, aunque él duda que alguna de esas personas que viven de apariencias haya sido quien ha efectuado el robo.

Ve a lo lejos como su ayudante se acerca, sabe que hay algo mal en cuanto lo ve, está pálido, aunque su rostro sigue igual de neutro que el suyo propio. Las manos del joven hacen unos complicados gestos y el investigador se aleja tras él sin levantar sospechas, aunque es seguido por un par de ojos casi gatunos de color verde.

Los dos hombres entran en una habitación y sí, algo va mal, va pero que muy mal.

Un tercer hombre de ojos claros yace sobre una alfombra y no está ni dormido ni borracho. El hombre del suelo sostiene una pistola, pero no ha llegado a usarla; frente a él hay un tocador de mujer con infinidad de objetos en él.

Necesitan saber de quién es esa habitación, quizá así podrán descubrir quien ha acabado con la vida de ese hombre y quién robó los tesoros de la familia.

Tomando su teléfono móvil el investigador llama a la policía sin apartar la vista del cuerpo tendido en el suelo. Cuando termina de hablar se vuelve hacia su ayudante, pero el joven ya no está en la estancia, en su lugar una hermosa mujer de brillantes rizos negros, grandes ojos verdes de gata y vestida con un largo traje rojo lo mira con una media sonrisa mientras sostiene una pistola negra en las manos.

El investigador alza muy despacio las manos y mira sin parpadear a la mujer, algo le dice que está no solo en presencia de la ladrona, sino también de la persona que acabó con la vida del hombre que sigue tras él.

—Creo que no tengo el gusto de conocerla, señorita.

—Claro que no, nadie lo tiene nunca. Siendo decirle que me hubiera gustado mucho conocerle, pero las circunstancias me obligan a…

La mujer abre mucho los ojos y deja de hablar. Sus manos sueltan el arma y cae hacia delante con un ruido sordo. El ayudante del investigador sostiene tras ella una de las pequeñas estatuas decorativas de la mansión. El hombre mayor deja salir el aire que ha estado conteniendo y sonríe al joven.

—Acaba de salvarme la vida.

El joven pálido esposa a la inconsciente mujer y las sirenas empiezan a sonar de fondo iluminando la noche con luces de colores.

No ha pasado ni una hora cuando una mujer se acerca a los dos protagonistas de la captura con gesto serio y ojos insondables. Ambos se levantan y la miran, ella parece agitada.

—Sabemos quién es la mujer. responde al nombre de Espíritu, no sabemos su identidad real.

—Eso es bueno.

—Lo sería si esa Espíritu no se hubiera evaporado en la noche. Ella ha desaparecido sin dejar rastro y los objetos robados han vuelto a su lugar.

—¿CÓMO?

Los dos hombres echan a correr hacia la casa dejando a la agente sola en la calle retorciéndose las manos con gesto serio, pero cuando los escucha entrar en la mansión alza la cabeza y sonríe, sus ojos verdes brillan en la penumbra mientras silenciosa como un espíritu, se desvanece sin dejar rastro de su paso.

¡Un saludo y hasta la próxima palabra!


Escrito por Attenhea